De inmigrante a oficial

Para Jervaughn Miller, la educación y el servicio a la comunidad son los pilares de su sueño americano

En 2013, cuando Jervaughn Miller tenía 18 años, su familia emigró de Jamaica a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Los padres de Miller creían que a su hijo le esperaban mejores oportunidades. «No lo teníamos todo planeado, pero ellos creían en la promesa de que el trabajo duro y la dedicación podían conducir a algo mejor», afirma. Doce años después, Miller está en el ejército, tiene tres títulos universitarios y trabaja en la gestión de materiales peligrosos. Está demostrando que el sueño americano no es solo un cuento de hadas.

Durante su destino en la Bahía de Guantánamo, Cuba, entre diciembre de 2017 y octubre de 2018, Miller trabajó en turnos de noche como auxiliar médico. Pasaba la mayor parte de las noches atendiendo emergencias médicas y prestando asistencia sanitaria a sus compañeros. Una noche, su jefe reunió a todos los marineros frente a los alojamientos para explicarles lo que esperaba de ellos. Además, les dio un ultimátum: o bien se buscaban un pasatiempo, o bien volvían a estudiar.

«No podía dedicarme a ninguna afición ni practicar ningún deporte, así que opté por los estudios», afirma, recordando la convicción de sus padres de que en Estados Unidos se podía acceder a una mejor educación y a un futuro más prometedor. Esa convicción era algo muy personal para Miller y le acompañaría a lo largo de toda su carrera militar y académica.

Miller tenía que elegir una especialidad. Se decantó por la asistencia sanitaria, en parte debido a su función como auxiliar médico en el ejército. Sin embargo, sus obligaciones militares le dificultaban asistir a clases presenciales. Por ello, en lugar de centrarse en el aspecto clínico de la asistencia sanitaria, decidió centrarse en la prevención, las políticas y la salud pública.

Esos intereses le llevaron a la Universidad Excelsior (entonces llamada «College»). Los estándares educativos de la institución le causaron una gran impresión. Mientras estaba destinado en la base Naval Support Activity Orlando, poco después de su estancia en la Bahía de Guantánamo, completó su título de técnico superior (2019) y su licenciatura (2021), ambos en ciencias de la salud, antes de comenzar a cursar su Máster en Ciencias de la Salud.

Aprender mientras se lidera

El plan de estudios de los programas de ciencias de la salud de Excelsior alimentó su interés por la salud pública. «Las asignaturas me permitieron comprender todos los problemas a los que se enfrenta actualmente nuestro sistema sanitario. Eso despertó mi interés», afirma.

En 2022, tras pasar ocho años en la Armada, Miller fue nombrado oficial del Ejército de los Estados Unidos. Decidió asistir al Curso Básico de Liderazgo para Oficiales en Materia Química, Biológica, Radiológica y Nuclear (CBRN) para empezar a centrarse en cuestiones de salud pública. No fue fácil; Miller cursó la formación al mismo tiempo que completaba su máster. No fue tarea fácil, pero se esforzó y terminó ambos programas en 2023.

Como oficial de CBRN, Miller dirige un comando encargado de la defensa contra armas químicas y biológicas, así como contra armas de destrucción masiva. «En esencia, intentamos detectar, analizar y mitigar cualquier tipo de amenaza química, biológica o radiológica», afirma. «Si tenemos personal o equipo contaminado, somos capaces de descontaminarlos. … Muchos de nosotros también estamos formados como técnicos en materiales peligrosos».

Jervaughn Miller, vestido con su uniforme militar, mirando a la cámara

Como jefe de pelotón de reconocimiento, Miller supervisa lo que él denomina un «laboratorio científico móvil sobre ruedas». Este vehículo militar especializado transporta equipos que detectan y analizan agentes peligrosos en tiempo real. Si se produce un incidente nuclear o un vertido químico, Miller y sus compañeros se desplazan hasta el lugar, recogen muestras y determinan qué hay allí. Los minilaboratorios móviles les permiten analizar las muestras de aire desde el interior de sus vehículos, en condiciones de seguridad. El aire se aspira a través de conductos, se analiza mediante detectores y se muestra en pantallas en el interior, lo que proporciona al equipo datos inmediatos. Aunque no suele ser necesario, si Miller y su equipo tienen que salir al exterior, llevan los trajes y máscaras de protección obligatorios.

Preparación para lo impensable

Aunque la mayoría de los días no se dedican a la respuesta activa ante crisis, Miller y su equipo se entrenan constantemente. Las jornadas de Miller comienzan a las 6:30 de la mañana con entrenamiento físico, seguido de tareas de mantenimiento de vehículos y simulacros. Además, desempeña funciones de liderazgo, como la gestión de los soldados, la planificación del entrenamiento de su pelotón de 16 miembros y la presentación de informes a los oficiales superiores.

La formación académica de Miller resulta de gran utilidad para su labor en el Ejército. Los cursos de biología, ciencias ambientales e incluso meteorología que cursó en Excelsior tienen aplicaciones prácticas a la hora de comprender cómo se propagan los riesgos. La formación en liderazgo ha sido igualmente importante. «Algunas de mis clases incluían aspectos relacionados con el liderazgo, como cómo ser un buen líder o un líder de servicio, lo que me ha ayudado mucho a ejercer un buen liderazgo sobre mi pelotón y a dar órdenes», afirma.

Con 11 años de servicio —ocho en la Armada y tres en el Ejército—, Miller sigue centrado en su pelotón, sus estudios superiores y su misión de mejorar la salud y la seguridad públicas. Atribuye a Excelsior su crecimiento y el lugar en el que se encuentra hoy.

El camino por delante

Pero hay algo en Miller que le impulsa a ir más allá. Está cursando un doctorado en administración sanitaria en la Universidad de Virginia en Lynchburg. «La medicina preventiva es lo mío. Me interesa mucho la atención integral, la medicina preventiva y el modelo de bienestar… quizá crear algún tipo de programa de bienestar para ayudar a las personas a mejorar su salud», afirma Miller. Quiere dedicarse a la docencia, influir en las políticas y desarrollar programas de bienestar para prevenir las enfermedades de la población.

Puede que su experiencia en Excelsior le haya allanado el camino hacia una carrera fuera del ejército, pero fue su familia quien le inculcó la importancia de no rendirse nunca. Por mucho que valore sus logros, es consciente de lo mucho que cada hito de su trayectoria ha significado para sus padres. «Cada título que he obtenido ha sido un reflejo no solo de mi propia motivación, sino también de los sacrificios que mi familia hizo para brindarme esta oportunidad», afirma.

Miller demuestra que, aunque pueda resultar difícil, con determinación y esfuerzo, el sueño americano nunca está fuera de nuestro alcance.